REINVENTARSE O RENOVARSE?
Hace tiempo, en tiempos de crisis en el mundo inmobiliario y en el de la construcción -algo que cíclicamente pasa, de forma más o menos pronunciada-, al hablar con unos y otros, con compañeros de profesión y amigos, salía en la conversación esta expresión: 'estoy pensando en reinventarme'...
Parece lógico y positivo tener una actitud proactiva -en terminología al uso- y no cruzarse de brazos ante un horizonte que se presenta cerrado y sin aparentes perspectivas.
Los arquitectos pensamos nuevos servicios que podemos ofrecer, nuevos territorios de conquista Hay que hacerlo.
Es algo que hemos hecho en nuestro estudio, hablando y proponiéndonos ideas para generar nueva y mejor actividad; y esto conviene.
Pero también hay que pensar hacia adentro: reflexionar sobre lo que hemos hecho y cómo lo hemos hecho.
Sigo dándole vueltas a eso de reinventarse.
Personalmente me convence más el concepto renovarse. Volver a ser nuevos, a ver las cosas como nuevas o desde un punto de vista nuevo: ser originales ... que es volver al origen. Interesa todo aquello que supone ir a la raiz de una cosa, también de los problemas.
Está fallando el sistema - así se dice y así es- porque hemos fallado nosotros. Somos víctimas de nuestros excesos y, sobre todo, de nuestros defectos.
De forma recurrente me vienen esas palabras de Coderch, que para mi son programáticas: todo un proyecto de vida en el trabajo:
... Al dinero, al éxito, al exceso de propiedad o de ganancias, a la ligereza, la prisa, la falta de vida espiritual o de conciencia hay que enfrentar la dedicación, el oficio, la buena voluntad, el tiempo, el pan de cada día y, sobre todo, el amor, que es aceptación y entrega, no posesión y dominio. A esto hay que aferrarse.
El cambio hacia una nueva época empieza por un nuevo ímpetu en la forma de trabajar. Con un reforzado espíritu de estudio, de profundizar en lo que hacemos, de valorar lo poco y lo pequeño, el detalle. Porque esto es necesario para ganarse al cliente, para fidelizarlo, para merecer hacer algo. Sí, el trabajo hay que merecerlo.
En economía se habla de valores seguros, y eso se aplica también a cualquier actividad profesional y empresarial. Hay trabajos que generan riqueza y otros simplemente especulan con la que otros han creado, sin añadir nada más que un coste. La sociedad debería terminar por erradicar las actividades parasitarias y la burocracia excesiva, que es un cáncer paralizante, ajena a tantos fines privados honestos y lícitos. Tenemos que aplicar la medicina necesaria para que así sea, o extirpar lo que es perjudicial. Un buen antibiótico puede ser la ética: asignatura obligatoria para todas las profesiones y para la vida.
Siempre hay futuro para todo trabajo o expediente estudiado a fondo, para proyectos bien acabados, hasta el detalle, y que consiguen que una obra logre los tres objetivos básicos de toda obra: calidad, precio y plazo. Por este orden:
La calidad es incuestionable. No sólo es material. Sabemos que el mayor gozo es espiritual - sentirse bien interiormente- y eso en un edificio lo da la calidad del espacio, el confort y la belleza.
Precio: coste justo, la mejor relación calidad precio. Un edificio económico en su construcción y proyectado para ser sostenible.
Plazo. En el tiempo oportuno.
El arquitecto que huye del espectáculo y piensa primero en el servicio tiene un buen camino por delante. Hay razones suficientes para ser optimistas. Porque hay materia prima y porque siempre las personas hemos aprendido de nuestros errores.


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